ESCATOLOGÍA Y ACCIÓN POLÍTICA

Una presentación sencilla

José Hutter

 

  La conexión entre la escatología y la acción política no ha recibido la atención que realmente merece. En esta breve reflexión quiero simplemente presentar un modelo alternativo de escatología por un lado y demostrar las consecuencias que tiene esto para la acción política de las iglesias evangélicas.

La escatología tiene que ver con las “últimas cosas” y nos ayuda a entender hacia dónde nos movemos en el plan de Dios con la humanidad. Nada menos.

Hoy por hoy existen básicamente tres modelos de escatología. Quiero presentarlos primero y demostrar después las consecuencias que tiene cada uno en cuanto a su cosmovisión y sobre todo la implicación del creyente en este mundo.

Procuraré escribir en un lenguaje poco técnico y por esta razón tampoco voy a usar muchos versículos bíblicos, ni notas a pie de página, simplemente para no distraer la atención y presentar los conceptos de la forma más sencilla posible. Esto en su momento requiere una presentación más extensa y detallada.

1.   Las escatologías

  1. El premilenianismo

El premilenianismo fue defendido y expuesto en sus líneas maestras por primera vez por uno de los padres de la Iglesia: Ireneo. Es el sistema escatológico más extendido hoy en día. La idea es que al final de los tiempos esperamos la segunda venida de Cristo que a partir de este momento establecerá su Reino visible aquí en la tierra. Este Reino lo conocemos como el “milenio” que durará 1.000 años aquí en la tierra. Finalmente, habrá una última rebelión de parte de Satanás y sus aliados y finalmente serán juzgados. El orden del milenio desaparecerá y dará lugar a un nuevo cielo y una nueva tierra, donde ya se establecerá el estado eterno y definitivo.

Una variante de este premilenianismo, llamado “histórico”, es el modelo que hoy en día se defiende y se conoce en la inmensa mayoría de las iglesias dispensacionalistas, carismáticas y pentecostales que comúnmente se conoce como “premilenianismo pretribulacionista”. Es una variante que realmente no aparece hasta la mitad del siglo XIX, aunque siempre pretende reflejar convicciones antiguas de la iglesia primitiva y de los primeros siglos. Sin embargo, no es así.

Esta variante “premil/pretrib”, como se conoce popularmente, añade un detalle: antes de la venida de Cristo y el establecimiento de su reino milenario habrá un periodo de siete años, llamada la “Gran Tribulación”. El inicio de este periodo será el rapto o el arrebatamiento de todos los cristianos que viven sobre la tierra. Acto seguido, se establecerá el reinado del Anticristo, que normalmente es visto como el gobernador de un imperio “romano” re-establecido, muchas veces identificado con la UE. En este tiempo se reconstruirá el templo en Jerusalén. Pero finalmente Israel se va a ver involucrado en una última batalla contra los ejércitos del Anticristo. Es el momento cuando Cristo vuelve, para liberar a su pueblo.

El problema de esta visión es la forma forzada con la cual trata muchos versículos bíblicos que lleva finalmente a un gran número de variantes de esta versión escatológica que busca en cualquier acontecimiento en Medio Oriente una prueba de la proximidad del rapto y el establecimiento del Reino del Anticristo.

2 . El amilenianismo

Es una postura escatológica que fue popularizada en su momento por Agustín de Hipona en el siglo V y enseña de manera general que el Milenio del que habla Apocalipsis 20:1-10 se refiere al tiempo presente de la iglesia, donde Cristo está reinando en un trono celestial, y que culminará con Su Segunda Venida. El orden y la naturaleza de los eventos, según el amilenianismo, es el siguiente:

  1. Gobierno actual del Mesías en un reinado espiritual.
  2. La Segunda Venida de Cristo.
  3. Conjuntamente con Su venida habrá una resurrección general, y todos los cristianos recibiremos al Señor en el aire.
  4. Los enemigos de Cristo serán vencidos, y será celebrado el juicio final.
  5. Finalmente, el mundo actual será destruido por fuego, y los justos pasaremos a habitar en el cielo nuevo y la tierra nueva por toda la eternidad.

Por sus características, el amilenianismo tiene que hacer una exégesis no-literal del texto bíblico, espiritualizando partes proféticas de la Biblia –por ejemplo el libro de Apocalipsis– por completo. Esta también es la razón porque el amilenianismo está fraccionado normalmente en una gran cantidad de interpretaciones diferentes, por ejemplo sobre la realidad y las características del milenio.

3. El postmilenianismo

El postmilenianismo normalmente apenas se considera en las obras teológicas o los artículos que tienen que ver con la escatología. El argumento por regla general es que es una visión o bien de un segmento teológicamente liberal o que prácticamente nadie lo defiende y cree hoy en día. Desde luego, no es así.

Aunque es cierto que había un tipo de postmilenianismo que fue defendido por teólogos racionalistas y que básicamente acabó con la Segunda Guerra Mundial, muy pocos parecen darse cuenta de que fue la postura de muchos teólogos de gran calibre, como por ejemplo los puritanos.

Últimamente ha ganado terreno, sobre todo gracias a obras que han puesto un gran énfasis sobre la exégesis del texto bíblico y su aplicación a la historia.

El postmilenianismo, sobre todo en su versión preterista (que considera que muchos textos proféticos del NT que comúnmente se aplican al futuro en las escuelas premilenianistas ya se han cumplido en la destrucción de Jerusalén) nos permite hacer una exégesis de la Biblia –sobre todo de sus partes proféticas– que es completamente coherente. Esto nos ayuda a:

  1. Hacer una exégesis literal y coherente del libro de las partes proféticas de los evangelios (Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21 y sobre todo del libro de Apocalipsis), sin entrar en espiritualizaciones y explicaciones extravagantes.

Hay un dato curioso: la Iglesia primitiva entendió estos textos en este sentido. Como nos cuenta Eusebio en su historia de la Iglesia de los primeros tres siglos, los cristianos de Jerusalén entendieron la entrada de las divisiones romanas por Galilea como cumplimiento de la profecía de Jesucristo y huyeron de Jerusalén a Pella, en Trans-Jordania. En la destrucción de Jerusalén con su baño de sangre correspondiente pudo haber muerto casi un millón de judíos. Entre ellos ni un solo cristiano.

  1. Desarrollar un concepto de una cosmovisión integral.

La idea, dicho de forma sencilla, es: la predicación y enseñanza del evangelio no solamente transformará vidas individuales sino de forma gradual la vida de naciones enteras. Este concepto se basa entre otras en la clara afirmación de la Gran Comisión en su versión en Mateo 28 de “hacer discípulos a todas las naciones”. La idea es que poco a poco por la extensión y la victoria del evangelio este mundo será transformado. Y cuando esta transformación culmine (que puede ser un proceso que aún tarda siglos) entonces Jesucristo vendrá para tomar el trono en su Reino milenario de forma directa.

2.   Implicaciones políticas

  1. El premilenianismo y sus implicaciones políticas

El premilenianismo es básicamente pesimista. La idea es que las cosas en el mundo se vuelven cada vez peores y culminan en la madre de las dictaduras, el Reino del Anticristo. Como los cristianos no van a poder cambiar nada, cualquier involucramiento en temas sociales, políticas o económicas es completamente inútil ya que no va a cambiar nada en la historia. Es cierto que hay creyentes evangélicos involucrados en las áreas mencionadas, pero por regla general lo hacen en una manifiesta incongruencia con sus convicciones teológicas. El resultado es una falta de conceptos teológicamente sólidos en la política, el desarrollo social y la economía. En términos generales ha llevado a un aislamiento y un tipo de pietismo que se mira el ombligo pero no ofrece alternativas. Es la razón por la que hasta en países con un porcentaje importante de cristianos evangélicos prácticamente no se nota su presencia: simplemente por su escatología son inútiles a la hora de moldear e influenciar una sociedad.

  1. El amilenianismo y sus implicaciones políticas

Aunque históricamente había defensores del amilenianismo involucrado en la política (el más reciente y famoso en Europa fue el primer ministro holandés Abraham Kuyper al inicio del siglo XX) ocurre lo mismo que en el caso del premilenialismo: básicamente su enfoque es negativo. El evangelio al fin y al cabo no es capaz de lograr un cambio importante en la historia de la humanidad.

Tanto el premilenianismo como el amilenianismo, por lo tanto, podemos considerarlos como enfoques derrotistas y negativos en cuanto al poder del evangelio de cambiar nuestra sociedad.

2. El postmilenianismo y sus implicaciones políticas

    1. Referencias históricas

El primer elemento que cabe destacar es su parte “preterista”. Es decir: hay una serie de acontecimientos que ya han ocurrido y se han cumplido proféticamente que en las primeras dos posturas –sobre todo en el premilenianismo– se consideran aún por venir. Más en concreto me refiero a las partes “apocalítpicas” de los evangelios sinópticos (Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21). No cabe duda de que estamos hablando de textos paralelos que además se cumplieron en la destrucción de Jerusalén por parte de los ejércitos romanos en el año 70. Esto se aplica también al libro de Apocalipsis. Quitando los últimos 3 capítulos (20 al 22), el libro nos habla del mismo acontecimiento: la destrucción de Jerusalén en el año 70. Esto puede parecer una contradicción con la interpretación tradicional que data el Apocalipsis al final de los años 90 del primer siglo. Pero como se ha comprobado –por ejemplo en la magnífica tesis doctoral del Dr. Kenneth Gentry con el título: Before Jerusalem fell (Tylor, 1989)– hay mucha razón para partir del hecho de que Apocalipsis, como el resto de los escritos del NT, fue terminado antes del año 70 dC.

El segundo elemento de la postura postmilenianista es que toma en serio la insistencia en la victoria del evangelio. Por ejemplo el famoso versículo de Mateo 16:18 habla de que las puertas del Hades no prevalecerán contra la Iglesia. Este y muchos otros versículos que aquí por falta de espacio no puedo reproducir nos indican que hay un crecimiento continuo del evangelio que llevará finalmente a naciones enteras bajo la obediencia de Cristo.

Es curioso que esta idea –aunque teológicamente no muy bien elaborada– fue casi intuitivamente promulgada por el movimiento carismático, particularmente por organizaciones como Juventud con una Misión. Infelizmente faltaba la base sólida de teología para poder defenderla con garantías.

3. La importancia de la Ley

Y esta base la facilita entre otras cosas un entendimiento de lo que es la Ley del AT.

El premilenianismo –sobre todo en su vertiente dispensacionalista– es de corte anominalista. Esto quiere decir: se entiende el AT y particularmente la Ley de Moisés como una reliquia del pasado que hoy por hoy no tiene importancia. El amilenianismo sí afirma la Ley por un lado, pero niega a la Ley la capacidad de organizar una sociedad en obediencia a Dios. Ambos errores los remedia la postura postmilenianista.

En mi criterio, las equivocaciones de enfoque de las primeras dos posturas tienen que ver con un error doble:

Por un lado, no se toma en serio lo que Jesús dijo claramente en Mateo 5:18: Él había venido no para abrogar la Ley, sino para cumplirla. Esto quiere decir: que aún cuando la Ley de Moisés quede cumplida por la muerte y el ministerio de Jesucristo (sacrificios, sacerdocio y templo), sus preceptos siguen siendo válidos para la construcción de una sociedad en obediencia a Dios. Y esto lo vemos simplemente en el hecho de que se repiten los 10 mandamientos en el NT, salvo el del día de reposo, que es el único que según Hebreos 4 tiene su cumplimiento en Jesucristo y su obra.

Por otro lado, vemos la aplicación de este concepto precisamente en los pronunciamientos de los juicios contra las naciones por los profetas del AT. A los babilonios, asirios, edomitas, egipcios, etc. no se les daba un “descuento” por desconocimiento, sino que el juicio de Dios les vino encima precisamente en base a la revelación divina en la Ley.

La enseñanza de la Ley para construir una sociedad además nos da hoy por hoy una base estable para establecer principios para desarrollar manuales para políticos, economistas, juristas, educadores, etc., en resumidas cuentas: para cada campo de la existencia humana.

  • La Gran Comisión (el pacto)

La Gran Comisión –por lo tanto– no solamente tiene un elemento de salvación individual, sino también un elemento de volver a poner las naciones bajo la obediencia de Cristo. Esto requiere que repensemos y reconstruyamos nuestras sociedades no a base de un humanismo, socialismo, conservadurismo, u otro -ismo, sino a base de una auténtica cosmovisión cristiana. Será nuestro trabajo aplicar el mensaje bíblico entero para enseñar a nuestra generación y generaciones futuras que el evangelio no son solamente los cuatro leyes espirituales sino obedecer a nuestro Señor a través de una sociedad que le glorifique. Y como cristianos tenemos la tarea de impartir esta cosmovisión gloriosa.

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